Fiscalía de Coahuila solicita un mes de plazo para presentar nuevas pruebas contra cura pederasta

SALTILLO, Coah.- La Fiscalía General del estado de Coahuila solicitó un mes de plazo para presentar nuevas pruebas contra el sacerdote pederasta Juan Manuel Riojas, Padre Meño, internado en el Centro Penitenciario Varonil de Piedras Negras por el delito de violación.

La petición fue aceptada por la juez, luego de que el Ministerio Público lo solicitara este jueves en una audiencia celebrada en la ciudad fronteriza.

Juan Manuel Riojasa fue acusado por los exseminaristas Javier Calzada Tamez e Ignacio Martínez Pacheco de violación agravada con abuso de autoridad, denuncia a la que se sumó la propia Diócesis de Piedras Negras.

El exrector del Seminario Diocesano de Piedras Negras –ordenado sacerdote el 23 de marzo de 1998– fue vinculado a proceso el pasado 24 de agosto por el delito de violación calificada con abuso de autoridad y agravio contra un menor de edad.

En su edición 2128 publicada en agosto pasado, la revista Proceso publicó una entrevista con Calzada Tamez, ya de 18 años, quien relató paso a paso los atropellos que sufrió, así como las artimañas y presiones de la Iglesia con que intentaron acallarlo.

De entrada, detalló que entre marzo y julio de 2015 el Padre Meño lo obligaba a entrar a su habitación para cometer ahí sus abusos sexuales, valiéndose de su autoridad como rector del seminario.

El exseminarista relató: “La primera vez que el ‘Padre Meño abusó de mí fue el 23 de marzo de ese año, día de su aniversario sacerdotal. Me ordenó que le llevara a su cuarto una casulla. Él estaba ya ahí… esperándome… y andaba tomado.

“A partir de entonces usó varios pretextos para jalarme a su recámara; en una ocasión me pidió que le llevara su teléfono celular; en otra, un jarro de agua… Llegó el momento en que me asignó un cuarto al lado del suyo para tenerme cerca. Ahí también abusó de mí.”

–Y mientras estudiabas ahí, ¿nunca le informaste al obispo?

–No. Tenía mucho miedo de que el padre me corriera del seminario. También pensaba que quedaría como un mentiroso que sólo le levantaba falsos al rector y que más bien él me culparía a mí.

“Al único a quien entonces llegué a confesarle estos abusos fue a mi director espiritual, el padre Jesús Martínez Compeán. Pero él me decía que lamentablemente el seminario no tenía una estructura para afrontar este tipo de situaciones”.

Del Seminario Menor de Piedras Negras el adolescente pasó a estudiar al Seminario Mayor de la arquidiócesis de Monterrey. Fue ahí donde, a mediados de diciembre de 2016 –más de un año después de los hechos–, se atrevió a denunciar al sacerdote ante las autoridades eclesiásticas, de acuerdo con el reportaje titulado “Un cura pederasta de Coahuila, protegido por jerarcas católicos”, del periodista Rodrigo Vera.

Y fue hasta enero de 2017 cuando el seminarista reveló a sus padres los abusos de que fue víctima. Relató: “Estaba en un centro comercial, con mi padre y mi madre, cuando les conté lo que había pasado. Se los hice saber tal como me lo pidió el obispo (de Piedras Negras, Alonso Gerardo Garza Treviño): de manera atenuada. Aun así, mi mamá empezó a llorar. Mi papá quedó muy confundido.

“Le hablaron entonces a quien había sido mi director espiritual en el seminario menor, el padre Jesús Martínez Compeán, quien supo todo desde el principio. Éste tuvo pláticas con mis papás para tratar de tranquilizarlos. Pero siempre intentó que el caso no llegara a las autoridades civiles”.

Después, el 17 de enero, Garza Treviño citó en su casa a los padres de la víctima para tratar de acallarlos a cambio de dinero. El exseminarista relató los pormenores de ese encuentro: “Al obispo lo que le preocupaba era que el caso se hiciera público. Les advirtió a mis papás que si denunciaban penalmente al Padre Meño, el asunto inmediatamente se ventilaría en la prensa, y yo sería el más perjudicado por toda la presión que tendría encima.

“Entonces el obispo les ofreció dinero a cambio de su silencio: ‘Pídanme lo que quieran, lo que se les ofrezca, yo estoy dispuesto a dárselos’, les decía. Pero mis padres no aceptaron”.

Señaló que un mes después, el 18 de febrero, el obispo le quitó finalmente la rectoría del seminario al Padre Meño. Pero no lo castigó. Sólo lo cambió de puesto. Lo nombró vicario del Santuario de Guadalupe.

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