La Defensa y Marina aceptarían triunfo de López Obrador

CDMX.- Los altos mandos del Ejército y de la Marina tienen prevista la posibilidad de que Andrés Manuel López Obrador gane la Presidencia de la República. Eso les disgusta, pero saben que no pueden hacer nada, incluso ante la eventualidad de perder el control de la sucesión en la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y en la de Marina.

Las declaraciones del secretario de Marina, el almirante Francisco Vidal Soberón Sanz, el pasado jueves 15, en el sentido de que las Fuerzas Armadas están preparadas para “un cambio de régimen” a partir del 1 de julio, no quita el descontento de la cúpula militar con el precandidato de la coalición Juntos Haremos Historia (JHH), quien en la construcción de su tercera candidatura presidencial ha cuestionado repetidas veces el papel de las fuerzas castrenses en los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

Han sido públicos los desencuentros de los jefes militares con López Obrador. Por eso no es extraño que entre los mandos de las Fuerzas Armadas se esté revisando su actuación y entorno. Incluso, en un trascendido periodístico publicado el jueves 8, El Universal aseguró que el Ejército “enlista groserías de AMLO”.

Pero los jefes militares no pueden hacer más, sobre todo porque también están conscientes de que se puede repetir lo ocurrido en 1988, cuando la tropa votó por Cuauhtémoc Cárdenas prácticamente en todo el país.

Tal es la lectura que hay entre allegados a la cúpula militar, según consultas realizadas por Proceso. “No pueden impedir un eventual triunfo de López Obrador, pero van a seguir muy de cerca lo que haga y de cuantos se está rodeando. Pero hasta ahí, porque los jefes militares no pueden hacer más”.

Un cambio de régimen, como lo llamó el secretario de Marina, implicaría quitarle a la actual cúpula militar el control del proceso para elegir a los próximos jefes del Ejército y de la Armada. En la Sedena, por ejemplo, el secretario, general Salvador Cienfuegos Zepeda, pretende mantener el control de los aspirantes para evitar lo que ocurrió en el sexenio pasado con el general Guillermo Galván –quien no logró designar a su sucesor–, explicaron.

Presuntos sucesores

Los mandos que rodean al titular de la Sedena son los candidatos naturales a sucederlo. Entre ellos, el subsecretario Roble Arturo Granados Gallardo, a quien apenas el pasado 1 de septiembre el general Cienfuegos promovió como número dos de la Defensa.

Maestro en administración militar para la seguridad y la defensa nacionales, Granados Gallardo ha sido comandante en distintas zonas militares del país y antes de ser subsecretario fue jefe de Estado Mayor; es decir, encargado de la operación del Ejército en la actual administración.

Los otros cercanos al titular de la Sedena son el general Eduardo Emilio Zárate Landero, oficial mayor; y el inspector y contralor general del Ejército y Fuerza Aérea, general Pedro Felipe Gurrola Ramírez, quien fue comisionado especial del gobierno de Peña Nieto en Michoacán.

Entre los mandos que rodean al general Cienfuegos también está el jefe de Estado Mayor de la Sedena, general Alejandro Saavedra Hernández, quien hasta diciembre fue inspector y contralor general, y cuya promoción, sin embargo, fue interpretada como una protección antes de que pase a retiro. Organizaciones no gubernamentales cuestionan su papel durante la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, en septiembre de 2014.

Pero el juego sucesorio de Cienfuegos podría terminar con un eventual triunfo de López Obrador, cuya pieza más conocida dentro del Ejército es el general Audomaro Martínez Zapata, originario de Tabasco, como el hasta ahora precandidato. Es un militar en retiro, pero esa condición no le impediría ser titular de la Sedena. La Ley Orgánica del Ejército y Fuerza Aérea no dice si el general secretario debe estar activo o retirado.

Secretario de Seguridad Pública de Tabasco al inicio del gobierno de Arturo Núñez, Martínez Zapata ha colaborado con López Obrador desde su primera campaña presidencial, en 2006. Entonces –y luego, en la siguiente campaña– fue el enlace del tabasqueño con mandos militares retirados o en activo.

En marzo de 2006 el entonces candidato tuvo una comida con militares en retiro, a quienes propuso crear un mando único para las Fuerzas Armadas, como lo ha reiterado en el actual proceso electoral.

López Obrador también puede contar con otros generales en retiro, como Augusto Moisés García Ochoa, quien le disputó el liderazgo de la Sedena a Cienfuegos. En cuanto éste fue designado alto mando del Ejército por Peña Nieto, envió a García Ochoa a la XI Región Militar, en La Laguna, que comprende los estados de Coahuila y Chihuahua. La región tenía entonces altos índices de violencia. Reducida la tensión en la zona, fue enviado después como comandante de la II Región Militar, en Mexicali, desde donde se retiró en 2016, al cumplir 65 años.

Aun cuando se acercaba su retiro, siguió siendo objeto de la persecución que se desató en su contra desde el proceso sucesorio de la Sedena en 2012. Entonces se filtraron a la prensa documentos de la Defensa que lo señalaron como responsable de la adquisición de equipo de espionaje para uso del Ejército.

Según los documentos, García Ochoa pagó por el equipo cinco mil millones de pesos a la empresa Security Tracking Devices, en su calidad de director de Administración de la Defensa Nacional. El uso del equipo de intrusión, sin embargo, estaba en las áreas operativas.

Ya en Mexicali, nuevas filtraciones lo acusaron de estar investigado en Estados Unidos por corrupción y lavado de dinero mediante la adquisición de vehículos militares tácticos, conocidos como Sandcat. Las filtraciones no pasaron de ahí y en su ceremonia de retiro escuchó el toque militar conocido como Tres de Diana, con el que se hace reconocimiento de los méritos militares.

Guardia Nacional

A diferencia de sus campañas anteriores, López Obrador ahora ha puesto énfasis en el papel de las Fuerzas Armadas. Ha planteado retirarlas del combate a la delincuencia y en su lugar propone un mando único, por él encabezado, en el que participen también las policías. Todos agrupados en una Guardia Nacional, la cual está prevista en la Constitución.

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