Apoyo de la ONU en Derechos a la Mujer en Arabia Saudita

Maha y Wafa al Subaie cuentan los días desde que escaparon de casa. Por primera vez desde que nacieron hace 28 y 25 años, son libres. El miedo, en cambio, les atenazaba desde que hace un mes estas dos hermanas saudíes alcanzaran Tbilisi, la capital de Georgia. “Nuestra familia nos maltrató. El Gobiernos saudí apoya a las familias que oprimen a sus mujeres. Tratamos de luchar por los derechos humanos en mi país y hacer que progresaran pero no logramos nada. La única solución fue huir”, relata Maha, la hermana mayor, en una entrevista a EL MUNDO.

Una fuga que este martes ha sumado un nuevo capítulo. Maha y Wafa han anunciado su viaje definitivo hacia el refugio en un tercer país. “Nos vamos de Georgia. Estamos ya en ruta hacia una nueva vida en otro país”, confirman las hermanas. “No publicaremos los detalles de nuestra ubicación por razones obvias”, avanzan. “Seguiremos apoyando a las saudíes. Continuaremos luchando contra el abuso de los tutores masculinos. Muchas saudíes nos han mostrado su respaldo y no lo olvidaremos“, agregan

Cansado de las vejaciones, el dúo -residente de un provincia del suroeste del reino ultraconservador- inauguró el primer viaje a principios de abril aprovechando el descanso de su tutor varón. “Volamos desde el aeropuerto de Riad al de Estambul y de allí al de Trebisonda [una ciudad turca ubicada junto al mar Negro]. Aquel mismo día tomamos un taxi para cruzar a Georgia”, narra la joven.

Antes de emprender camino, sin embargo, la pareja tuvo que sustraerle a su padre el teléfono móvil y a través de “Absher” -la aplicación del Gobierno saudí que, entre otros servicios, permite al varón controlar a las féminas a su cargo- concederse permiso para tramitar un pasaporte y viajar al extranjero. “Logramos los pasaportes y no tuvimos tiempo para nada más. Nuestras vidas estaban en peligro y escapamos rápidamente”, rememora Maha.

Poco antes de su espantada, Maha fue golpeada por su padre en presencia de su hijo de ocho años. Ella, divorciada, consideró que había llegado el momento de dejar atrás el infierno familiar. Hasta la fecha y a pesar de las llamadas, Apple y Google han rehusado retirar de sus tiendas digitales “Absher” denunciada incluso por las Naciones Unidas.

En su ruta de prófugas, Maha y Wafa optaron por Georgia porque es uno de los países que no exige visado a los súbditos saudíes. “Hemos vivido días difíciles. Hemos pasado el tiempo escondidas y hemos evitado usar los móviles para que nadie pudiera rastrearnos“, admite. Su itinerario sigue los pasos de Rahaf al Qunun, la joven que a principios de año huyó de su familia y acabó logrando asilo en Canadá, y las hermanas Reem y Rawan que, tras medio año atrapadas en Hong Kong, consiguieron el pasado marzo ser trasladadas a un tercer país cuyo nombre no ha trascendido. Todas se rebelaron contra el sistema de tutela masculina que las condenaba a vivir una adolescencia eterna.

Las féminas del reino ultraconservador no pueden viajar al extranjero, someterse a una intervención quirúrgica, casarse, alquilar un apartamento, matricular a sus hijos en un colegio, abrir una cuenta bancaria o viajar sin el permiso de un “mahram” (tutor varón) ya sea progenitor, cónyuge, hermano o incluso vástago. “Nuestra propia familia nos golpeó y amenazó con asesinarnos. No nos dieron opción de vivir. En realidad, comenzamos a planear nuestra huida hace cinco años”, confiesa Maha, decidida a poner tierra de por medio con el pasado.

“Procedemos de un pueblo pequeño y conservador. Fuimos a Riad para escapar de todo eso”, asevera, consciente de que sus denuncias públicas y su fuga no admiten vuelta atrás. “Para nuestra familia y nuestro país, hemos excedido todos los límites permitidos. Somos una vergüenza y una deshonra para ellos porque hemos denunciado nuestra situación públicamente desvelando nuestra verdadera identidad y sin usar el ‘hiyab’ (pañuelo islámico). Si regresamos o nos localizan, nos esperan el secuestro y la muerte“, vaticina desde su exilio.

“La policía de Georgia ha tratado de tranquilizarnos diciéndonos que ni nuestro padre ni nuestro hermano han entrado en el país pero tenemos una familia muy extensa y retrógrada. Cualquier pariente puede acceder fácilmente a Georgia y permanecer aquí durante un año”, decía poco antes de su periplo definitivo. Según el ministerio del Interior georgiano, la pareja ha decidido emprender el viaje cuando su solicitud de asilo seguía pendiente de resolución.

La acogida de las autoridades tampoco disipó los temores. “El Gobierno georgiano recibió una demanda solicitando nuestra deportación. Seguimos estando en peligro aquí. No nos sentimos seguras“, balbuceaba la joven. “Hemos recibido amenazas de muerte y, aunque contamos con la protección de las autoridades, lo que pedimos es salvaguarda internacional y que nos concedan asilo en otro país para poder comenzar una nueva vida sin miedo”, reclamaba quien asume también la tarea de cuidar de su hermana pequeña.

Una llamada que acaba de surtir efecto. Su caso, reconoce Maha, no es aislado. “Muchas otras mujeres saudíes están intentando escapar a la injusticia y la opresión. Lo que no es normal es que podamos sobrevivir en el interior de Arabia Saudí”, replica. La abolición del sistema de tutela es una reivindicación histórica de las saudíes que, no obstante, las controvertidas reformas lanzadas por el príncipe heredero Mohamed bin Salman han ignorado hasta la fecha. “Tenemos ambición y muchos sueños por cumplir. Yo, por ejemplo, quiero concluir mis estudios de contabilidad y dedicarme al activismo y la defensa de los derechos de la mujer”, murmura Maha

No hay comentarios

Dejar una respuesta