“Un gran dia para el mundo”: Donald Trump celebra un histórico encuentro con Kim Jong-un en la frontera entre las dos Coreas

En términos visuales, el gesto constituye literalmente un paso histórico ya que las decenas de metros que Donald Trump se adentró este domingo en el territorio de Corea del Norte constituyen un hecho sin precedentes.

“Usted es el primer presidente de EEUU que está en mi país”, le dijo el líder norcoreano Kim Jong Un.

“La relación que hemos desarrollado significa mucho para mucha gente. Es un honor que me haya pedido que cruce la línea (divisoria). No estaba seguro si me lo iba a pedir. Me lo paso muy bien con usted“, le respondió Trump minutos después.

“Este es un día legendario, histórico”, añadió más tarde.

Sin embargo, para expertos como Robert E Kelly, de la universidad surcoreana de la ciudad de Busan, todo lo ocurrido es una alegoría de la “farsa” en la que se ha convertido el proyecto de diálogo con Corea del Norte impulsado por Trump.

“En el último minuto, se hace para la televisión e impulsado por la lujuria de Trump por el drama y el imagen, en lugar de la sustancia. Busca una foto para su campaña electoral de 2020. ¡Qué espectáculo de payasos! Es un puro show televisivo”, escribió en un tuit.

Bajo esta disparidad de opiniones, el presidente estadounidense Donald Trump se ha reunido con el líder de Corea del Norte Kim Jong Un en la Zona Desmilitarizada que separa la Península coreana en un encuentro -el tercero entre ambos- destinado una vez más a intentar desbloquear el proceso de negociación entre ambas naciones, atorado desde el verano del año pasado.

Tras la mediática reunión que protagonizó la pareja junto a las simbólicas casamatas azules de la llamada Zona de Seguridad Conjunta (JSA) de Panmunjom -el único lugar de los 250 kilómetros de frontera donde soldados surcoreano y norcoreano se ven cara a cara-, y el apretón de manos inicial, Trump cruzó la marca de cemento que separa los territorios de las dos coreas a las 15:46 hora local y caminó una veintena de pasos en dirección al primer edificio norcoreano, superando de lejos el gesto similar que realizó el presidente surcoreano Moon Jae In durante su primera reunión con Kim Jong Un en ese mismo lugar en abril de 2018. Moon sólo atravesó la demarcación brevemente y volvió a su territorio.

“Está muy bien verle de nuevo. Nunca habría imaginado que le vería en este sitio“, afirmó Kim Jong Un al saludarle.

Trump permaneció durante casi un minuto en suelo norcoreano y después volvió a Corea del Sur acompañado de su homólogo, al que invitó a la Casa Blanca frente a las cámaras.

“Esto tiene una gran importancia. Encontrarse aquí, en un lugar que es símbolo de la hostilidad y la división del pasado, significa que queremos avanzar en un futuro nuevo. Es un acto valiente”, manifestó el propio Kim ante los periodistas.

Las sonrisas, las muestras de afecto y la avalancha de fotos estuvieron seguidas por la conversación que mantuvieron en privado durante una hora en la Casa de la Libertad, en territorio de Corea del Sur. Poco después Trump abandonó Corea del Sur rumbo a EEUU.

Trump reconoció al concluir la cita que está podía haber sido “más histórica si se hubiera conseguido algo” pero dijo que la “especial relación” que mantiene con el dictador norcoreano -al que no cesó de alabar- ha posibilitado que en “dos o tres semanas” las delegaciones de ambos países retomen el diálogo “para ver si consiguen algo”.

El dirigente norteamericano intentó rebajar incluso el desplante que supuso el último ensayo de misiles de Corea del Norte el pasado mes de mayo, que su asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, reconoció que habían sido una “clara violación de las resoluciones del Consejo de Seguridad” de Naciones Unidas.

“Fueron misiles pequeños, ni siquiera lo consideramos un ensayo de misiles”, dijo Trump ignorando una vez más la realidad.

La tercera cumbre entre los dos mandatarios se organizó siguiendo las pautas caóticas que caracterizan la política del titular de la Casa Blanca, que recurrió a un tuit para convocar a su homólogo.

“Después de algunas reuniones muy importantes, incluida mi reunión con el presidente Xi (Jinping) de China, me iré a Corea del Sur (con el presidente Moon). Mientras esté allí, si el presidente Kim ve esto (el tuit), me gustaría reunirme con él en la DMZ sólo para darle la mano y decir ¡Hola!”, le lanzó el mandatario través de las redes sociales.

Pese a que twitter está prohibido en Corea del Norte, Kim Jong Un respondió de forma positiva, consciente del ingente respaldo político que le podía reportar la conversación, que confirma como ha pasado de ser un paria internacional a ser considerado como un interlocutor recurrente por el jefe de estado de la primera potencia mundial.

“Para Kim es otra buena oportunidad para presumir ante su pueblo de cómo se codea con el líder más poderoso del mundo“, opinó Minyoung Lee, un analista del Grupo de Riesgo de Corea, en declaraciones a la página especializada NK News.

Kim Jong Un admitió la “sorpresa” que le causó la singular invitación que recibió por “la mañana” del sábado.

“Nos gustamos desde el primer día. Si no fuera por la especial relación que tenemos este encuentro no habría sido posible“, argumentó Trump.

Al inesperado evento acudió también el presidente surcoreano Moon Jae In, que aferrado a su comportamiento habitual permaneció en un papel secundario y no cesó de alagar lo que calificó como estilo “audaz” y “creativo de Trump y su “determinación”.

Artífice de la mediación entre los dos países, Moon continúa empeñado en mantener el clima de distensión del que se benefició la Península en 2018, que parecía en peligro tras los últimos ensayos balísticos de Pyongyang.

El gesto de Trump es por ahora un mero guiño que puede quedarse en eso, un puro efecto mediático, si el proceso de diálogo sigue atascado en el elemento fundamental: la discordia entre ambas capitales sobre el significado de la desnuclearización de Corea del Norte que exige Washington.

Trump se encontró con Kim Jong Un en Singapur en junio de 2018 y en Vietnam en febrero del presente año. Ninguna de las dos cumbres consiguieron avanzar un ápice en la aproximación de las posturas bilaterales.

Pyongyang sigue exigiendo una flexibilización del régimen de sanciones internacionales apadrinado por Washington a cambio del desmantelamiento de algunas de sus instalaciones nucleares, mientras que el gobierno estadounidense exige la destrucción absoluta de todo su arsenal para aceptar ese paso.

Para analistas como Andrei Lankov, director del Grupo de Riesgo de Corea, lo acaecido no ha dejado de ser un “evento improvisado” y “mal preparado”. “No creo que se pueda conseguir mucho en una reunión tan informal. Es una buena noticia, porque significa que el diálogo continúa pero resta un largo camino para alcanzar un compromiso significativo. Y como no me canso de repetir, este acuerdo no incluirá la desnuclearización según la entiende EEUU”, declaró Lankov a la página NK News.

Según el think tank Instituto Internacional para la Investigación de la Paz de Estocolmo (Suecia), Corea del Norte ha añadido una decena de ojivas atómicas a su arsenal durante el último año y ahora dispondría de cerca de una treintena.

El último informe de ese centro de análisis incide en lo que ha sido una constante de Pyongyang desde que comenzó con sus ensayos nucleares en 2006: el país “sigue dando prioridad a su programa nuclear militar como elemento central de su estrategia de seguridad nacional” incluso si en 2018 declaró una “moratoria” en la prueba de bombas atómicas.

Panmunjom es el destino más popular de la DMZ. Frecuentado por políticos y un aluvión de turistas -que la pueden visitar tanto desde el lado surcoreano como el norcoreano-, la también denominada “villa de la paz” acoge el pabellón donde se firmó el alto el fuego de 1953.

Durante décadas el enclave ha sido también uno de los lugares más sensibles de la línea divisoria por la proximidad de las fuerzas enfrentadas y al ser el espacio elegido por numerosos desertores norcoreanos para huir a Corea del Sur.

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